Individuo y sociedad

Autor: Ortega y Gasset

Nuestro yo, que Renan comparaba al agujero cónico de la feroz formica leo, tiende por si mismo a convertirle en una fábrica de  soledad y devastación. Es expansión la vida , pero la fórmula natural y espontánea de esa expansión es la agresividad. La naturaleza nos incita a la vida agresiva, aspiramos a universalizar nuestros  gestos y nuestras formulas, obligando brutalmente a que los demás nos imiten, nos sentimos espontáneamente llevados a imponer nuestra peculiaridad.

La esfera de acción de cada organismo, suele ser la medida de su capacidad destructora.

…Los espíritus son impenetrables, no pueden entrar el uno en el otro, pero pueden reconocer entre sí una identidad y si consiguiéramos sentirnos idénticos a los demás ¿no habríamos hallado el camino de la suprema expansión?

Hay , pues , una manera pacífica de ampliar nuestra morada interior y de enriquecerla realmente , consiste en invadir la inagotable diversidad de los seres, haciéndonos iguales a cada uno de ellos, multiplicando nuestras facetas de sensibilidad para que la secreta existencia de cada una de ellas, halle siempre en nosotros un plazo favorable donde dar su reflexión.

…sentía Renan el mundo como una armonía .No era ilusionario, no pensaba que todas las cosas fueran buenas, que los hombres constituyeran masa homogénea y una. Pero veía en la marcha de los tiempos un progreso de unificación, y ese encaminamiento de lo diverso hacia lo uno es la armonía.

…El mundo -exclama- es un coro inmenso donde cada uno de nosotros está encargado de una nota. Esa gran sinfonía donde se justifican todas las acciones, donde todas las cosas se ordenan y adquieren ritmo y valor, es la cultura.

…Alojada en el órgano material, cada alma es una hilandera de ideal, productora de hilos

sutilísimos que traspasan otras almas hermanas, como rayos de sol, y luego otras y otras. Lentamente los hilos se multiplican, el tejido de la cultura se hace mas prieto y complicado.

…La unidad de los hombres está en formación . no existe, cierto, pero la vamos haciendo: la distancia entre los hombres  disminuye progresivamente.

…Las guerras, los instintos de rapiña y negación  han hecho rodar sobre el haz del mundo, las torpes multitudes militares, pero en la herrumbre de las armas llevaba cada raza conquistadora el bacilo de su cultura, y al herir sus lanzas el corazón de un pueblo más débil, la inficionaba con la fecunda enfermedad de sus dioses y el temblor peculiar de sus poetas.

Autor: Ortega y Gasset